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Michelle Benaim

Michelle Benaim

Mind the Gap

Por: Michelle Benaim


Para esta edición de Diáspora tenemos el gusto de presentar a Michelle Benaim Steiner, venezolana, estudiante de filosofía, viajera, escritora, y-todo-lo-demás-también. A la joven Michelle [ que nos cuentan es todo un prodigio ] nunca la hemos conocido en persona puesto que lleva ya un rato haciendo la vida en el exterior: en Chapel Hill [ a.k.a. el centro de la dona ] y Londres ha encontrado sus dos nuevas casas en los últimos años y en el siguiente texto, nos relata sus primeras impresiones de Londres, su más reciente destino. Salud.

I

Pasaron tres semanas desde ese cruce, estampa, maleta, aeropuerto y jet lag antes de encontrar la valentía para romper el silencio de la página blanca en la computadora. Dos días mas para pasar de la primera oración, que dicho sea de paso, terminó siendo reemplazada por una nueva combinación de palabras. Esto definitivamente no me lo estaba esperando: empaqué con la ilusión de que todos los artistas se concentran en las ciudades, se encuentran mediante un místico magnetismo que los obliga a todos ir al mismo café, y forman círculos y sociedades que años mas tarde terminarán agobiando a los estudiantes de bachillerato obligados a aprender historia del arte. Los escritores, la filosofía, el café barato y la historieta de ese yo-no-se-qué que tienen las metrópolis -será el efecto del humo podrido del metro o del gentío que activa esa sensibilidad distinta-  y aparte, Londres está en boga. Woody Allen cambió su adorada primera dama de los Estados Unidos [ Nueva York, no Laura Bush ]  para retratar a Londres en su gloria post-imperial, encontrando en el antiguo centro de comercio una mina interminable de kitsch y dignidad. La sociedad de artes, el concilio poético y el Globe Theatre. Y yo no escribo ni una sola palabra. Muchos días después, frente al pelotón de fusilamiento… imaginé un editor desesperado.

Esperaba poder tomar el primer shock cultural, el figurado impacto de aterrizaje,  como materia para descifrar la relación de la cosmopolita ciudad europea en contraste con la Caracas de hoy, así como el impacto de la adaptación en mi identidad personal, tarea más parecida a tomar inventario que a percibir las sutilezas que apropian a la ciudad su arte. Parece que el impacto del avión contra el suelo me noqueó y un par de días mas tarde seguía balbuceando como Jodie Foster en Nell, sin lograr hacer pies o cabeza del lugar, como un niño en una tienda de juguetes sobreviviendo un aplastamiento por un autobús de dos pisos, halada por un compañero de universidad cuyo avión parece haber tenido un aterrizaje menos traumático. Evidentemente no lograba retratar la ciudad como Joyce a Dublín todavía. Londres seguía sin ser esencialmente mía y me la iba a tener que comer completa como insaciable turista y hambriento investigador. Sin haber cruzado esa barrera de extranjera seguramente no podría reportar ningún entendimiento. Día tras día amanecía, me montaba en mi Rocinante metálico del underground y me perdía horas entre los colores y las estructuras, de vez en cuando despertando del trance de lo nuevo para quejarme de la altísima tasa de cambio y de los absurdos precios del transporte público.

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The danger, when not seen, has the
imperfect vagueness of human thought.

– J. Conrad

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