quienes somos
Juan Carlos Eurea

Juan Carlos Eurea

La Noche Transparente

Por: Juan Carlos Eurea

+
En todas las ediciones de Pulpa, plátanoverde publica el trabajo narrativo, periodístico o poético de algún talento hispanoamericano. En esta edición presentamos el primer capítulo de "La Noche Transparente" primera novela del joven Juan Carlos Eurea, a quién conocemos de las ediciones 04 y 06 de nuestra revista.



                                                   ***

<< Son pardas las colinas, amarillas y polvorientas, a veces verdes >> Dijo Dean.
Anoche se fue con Rafa. Marú enloqueció, colérica, quería humillarme. Bebíamos tequila y hacía tiempo perdí la maldita cuenta, pero los pases sí los llevo, una línea de sangre bajando desde la nariz no es lo recomendable para el ummagummeo. Estaba seguro que la noche no iba terminar nunca, los malditos vecinos ladillaban con el << apaga esa vaina o llamo a la policía >>.

Y Marú que jodía.

Ella quería que llevara a todas las joyitas a la calle del hambre y brindara un poco de Perros.

Sus jeans resaltaban su buen culo, cada vez que la luz de un poste iluminaba. De la montaña bajaban ráfagas de aire frío, que ayudaban con el mono. Yo hablaba con tony y el negro y nos rezagamos. Apareció un taxi. Marú lo detuvo y comenzó a llamarme.

No terminé mi charla.

Nos montamos con otras tipas mientras que unos guevones pedían la cola, pues QUE SE JODAN, no hay más espacio. Ya en el auto, interrumpí una cháchara que sostenía Marú, metiéndole mi lengua en su boca

<< ¡qué buena emboscada! >>
<< ¿ a dónde van? >>
<< a la calle del hambre >>
<< por favor >>

Ella correspondió, satisfecha. Mirábamos a las tipas como si fueran nuestras cómplices. El taxista se hacía el pendejo, acostumbrado ya a esa clase de relajos. Karen estaba en el puesto de copiloto, no le paraba bolas al bochinche.

Eso me gustaba de ella. Le disgustaba que la impresionaran, le gustaba el silencio; aunque jodía como ella sola. Llegamos a la maldita calle y cuando fui a pagar ya Karen lo había hecho.

<< mira, comemos vamos a mi casa robamos el carro de mamá y rodamos y tú lees poesía >>
<< ¡sí va! >>
<< ¡ay, quiero dormir! Julia, te vienes conmigo? >>
<< chao frito chao Karen… Marú >>

Julia le dio un piquito a Marú que confirmó lo que ya sabía, aunque nos hicimos los guevones. Comimos perros, full de salsa, que según algunos entendidos, quita la pea. Estábamos alegres, no más. Fuímos al apartamento de Karen. Sacó las llaves del carro de la mamá y le echamos bolas por la carretera vieja, para evitar entrompar con los guardias porque martillan duro, aunque ahora el peo sería con los malandros. No importa. Rodar, rumbo al amanecer. El tripeo. La merma. Marú desmoñó un pedazo que le di, Karen puso el rollin y Marú terminó haciendo el fache. Soda Stereo. Las patadas. Joy Division.
Estaba al lado de Karen. Marú. Yo. Mejor: Karen, yo, Marú; un triangulo dentro de un cuadrado que va a 60 más o menos. Ese poco de curvas me tienen mareado. Reímos. Viene el sol.

(recordé algo de Velvet Underground)

Estábamos por allá lejos, cerca de Valencia, por el lago. Amanecía. Habíamos estado hablando de vainas locas que para mí eran pesadillas que durarían un buen rato. El cielo de esmalte me parecía más profundo que de costumbre, la luz nos arropaba, nos despertó, nos trajo a la maldita realidad. Se acabó la noche. La luz del sol era más rosada que dorada. El carro andaba despacio por entre callejuelas dormidas. Nos detuvimos en una gasolinera y estiramos. Todo el pueblo se despertaba, adormecido. Andaban algunos, que como nosotros, le ganaron a la noche. Continuamos. Karen detuvo el carro frenta a una colina por donde el sol salía

<< éste es es mi horizonte >>
Karen estaba alegre, Marú me miraba directo a los ojos. Se veía graciosa con su vestido floreado. Creo que en el fondo nos sentíamos tristes y olvidados. Rompí tal patetismo con dos buenos días y dos piquitos para esas guerreras.

<< fuímos a la noche >>
<< debemos regresar, mamá está borracha, pero podría despertar y estaremos jodidos >>

Marú se lanzó encima de mi y comenzó a morderme el cuello
<< no vayas a joder este momento >>
Dijo susurrándome al oído. Karen veía todo distraidamente, sonreía.

De vuelta en la carretera, mi humor se fue al carajo, progresivamente, a cada kilómetro. Me disgustaba, hasta me deprimía. Marú andaba disgustada conmigo desde la noche anterior, cuando conoció ciertas verdades.

Maracay. Ya estaba despierta. Tráfico. Gente. Un chica nos veía, desde el carro donde iba, detenidos por el semáforo. Parecía aburrida, el día a día, la humedad. Nos bajamos en la plaza Bolívar. Desyunamos, con el interés de monchar, en vez de matar el hambre.

<< Marú, siempre jodes, siempre >>
<< y tu con tus drogas, maldito >>
<< jódete >>
<< jódete tu, se que luego vendrás con una banderita blanca >>
Karen se rió y no la culpo.
<< saben? Jódanse los dos, en la tarde van a estar tirando, si no, antes >>

Pagamos y nos fuímos. Ya no peleábamos. Tomamos la carretera. Ahora estaba llena de carros y calor. Se acabaron los cigarrillos. Me dolía la cabeza. Todo estaba bien, en el fondo.

<< el camino huele a manicomio >>
<< no Karen, es el mundo lo que huele a manicomio >> llegamos a la ciudad otra vez.

Salió marú, todo un espectáculo: bajita, no tan delgada, morena, está buena. Había gente en la calle, pero todo estaba cerrado, desierto. Como si una peste hubiera llegado.

<< todos estos malditos esclavos deben estar despertando >>
<< dame un cigarrillo >>
<< todos son de Mauritania >>

Solté la colilla del cigarrillo que me estaba fumando.
<< tu sinceridad es a prueba de amistades >>

Me alejé de Marú; aunque sin dejar de verla.
<< te deseo en mi piel. No es mucho. Háblame >>

Quería saber qué hacía Karen. Le dije algunas cosas y se sorprendió.
<< ¿caminaban en el borde la azotea?
<< sip, siempre en las madrugadas >>
<< ustedes dos no son muy habladores, cómo hacen?…>>
<< no perdemos el tiempo en tonterías, decimos lo que debemos decir o sentimos y ya, mientras todos duermen, ella y yo estamos flotando fuera de esta cárcel de mierda, siempre nos drogamos y puedes preguntar siempre. La memoria lo sabrá. >>

Comprendí en ese instante que Karen y él estaban más unidos de lo que podía imaginar, creo que ni ellos mismos lo saben. Mientras todos tratan obtener algo de los demás, ellos se acecan más y más, se ven tiernos, son las personas más tristes  bellas que he conocido, él me mira a los ojos, sólo mira mis ojos, no aguanto, miro al suelo y esperamos a que Karen baje pronto.

Mientras que esperábamos que nuestro crimen fuera perfecto, le dije a Marú
<< conozco a Karen desde hace mucho tiempo. La noche es de nosotros. >>

No respondió y veía el sucio asfalto del estacionamiento. Levanté la vista y escruté el cielo. Desde una cabina telefónica llamé a mi casa, avisando que había salido temprano. Me madre, profirió inutiles insultos, como acostumbraba y luego colgé como siempre acostumbré.

Marú seguía viendo el piso.

<< esperaremos a Karen, ése es el plan >>
<< tu y ella son amigos peligrosos, se dicen cosas que sólo ustedes son capaces de entender y sólo para ustedes dos tienen lógica. >>
<< fuimos al concierto >>
<< sí, yo los vi. Estabas mal, te habías deprimido >>
<< no, eso fue antes de emborracharme >>
<< no sé, te encontramos recostado de una columna, mirando las estrellas >>

Entonces hice una maniobra rápida, la abracé y ella me abarcó con sus brazos. Dos liceístas que pasaban nos miraban mientras se alejaban.
<< creo que tú me quieres >>

Nuestras voces iban en un crescendo de estremecimiento. Cada palabra se hacía más íntima, más voluptuosa.
<< eres cruel. Desapareces por varios días y luego, como que resucitas y vienes y ya, ni siquiera sé qué haces. Estoy en tus manos, bebé. Los tipos son unos guevones, pero tú me abandonas; o te cansas de mí y ya no te gusto, ni ves ni me tocas. >>

Yo miraba cualquier cosa, menos su rostro.
<< antes parecías contento, cuando te destruyes pareces otro y te pierdes y una queda abandonada, como si huyeras, como si todo te horrorizara>>
Decía esas vainas casi llorando

<< la vida es ahora, ¿verdad? Es como dices, un Apocalipse Now, no hay mañana y es horrible la cara del ayer. >>

Estaba conmovido. Ella sollozaba, escondida en mis brazos, yacía en mi pecho, ignorando la gente que pasaba.

Llegó Patricia.

<<miren, Karen se está bañando, su mamá no se enteró de la travesura, vengan a mi casa para que coman, parecen zoombies >>

En casa de Patricia todo fue sorpresa. Su familia estaba lista para irse a la rutina de lunes a viernes, mas nos recibieron bien. Comimos tostadas, huevos y tocineta. No podía dejar de pensar en el “Alan Psychedelic's Breakfast” y ya estaba más tranquilo. Se fueron y quedamos los tres. Miré a Marú y lancé un discurso:

<< cuando más jodido está uno, más radical debe ser la acción a emprender. Es tocar fondo. Cuando estamos desnudos y desprotegidos nos encontramos y nos vemos tal como somos >>
Particia comenzó a reir.
<< es tu borrachera. Estás borracho. No le paras a nada. Lo que venga. Siempre gritas “yo mismo soy”>>
<< la pureza viene del fondo >>
Repuse en un tono catedrático que provocó más risas.

Marú estaba callada, no me atrevía a sacarla de su silencio.

<< te voy a decir algo, si no pudiste ganar anoche, es porque no elegiste como se debe >>
<< yo buscaba la maldta pureza, la belleza, lo que siempre hablo >>  
Dije, balbuceando, como si hubiera sido secretamente derrotado.
<< cuanto más conozco, sé que estoy aún más lejos, lo intento. Sólo soy un hombre. Crees que alguien es fuerte? La gente se siente segura, porque no ha sentido la verdadera tribulación.
<< ¡no eres hombre! >>
Gruñó Marú, viéndonos. Terminamos de comer. Quería decir algo más, pero no encontra la manera. Patricia sonreía, como si hubiera averiguado lo principal de este asunto.

No podía dejar de pensar en la conversación del estacionamiento, tenía sueño y llegó Karen parecía, tranquila, adormilada.


separador

+ Otras Pulpa

Paños Húmedos

Paños Húmedos


En todas las ediciones de Pulpa, plátanoverde publica el trabajo narrativo, periodístico o poético de algún talento hispanoamericano. Para esta edición invitamos a la antes-allá y ahora-acá Rebeca Blackwell, gran amiga y colaboradora de los plátanos 04 y 07. Aquí nos ofrece un trabajo inédito y lejano al género del ensayo bajo el cual la hemos leído en las páginas de nuestra revista; por lo que el experimento no es sólo de parte del electroplátano, sino también de la autora. Veamos que sale del fondear en estas páginas [ o pantallas ] y enviemos nuestros comentarios a junior@platanoverde.com, de antemano, Rebeca agradece cualquier opinión.

Ver mas