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Gabriel García Marquez

Gabriel García Marquez

La alergia del Gabo

Por: Boris Muñoz

Este año se celebran los 25 años del otorgamiento del Nobel a Gabriel García Marquez por su obra Cien Años de Soledad; en el marco de tan magno aniversario, aquí en plátanoverde presentamos llenos de júbilo una entrevista hecha al gran escritor colombiano en el marco de… los 15 años del otorgamiento del Nobel. ¿Pasa el tiempo por las cabezas de los inmortales? Directo desde Nueva York y al mejor estilo back to the future, una entrevista al Gaboman del '98. Las mismas preguntas de siempre.


-Dile que si es un verdadero periodista él sabrá lo que tiene que hacer.-- fue el mensaje terminante enviado con un amigo personal, luego de una semana de cartas infructuosas.

Desde las 9 y media de la mañana, el periodista novato esperaba pacientemente sentado en un sofá del lobby del Hotel Mark. La voz en el teléfono de la habitación le había dicho: "Salió temprano. Usted sabe que él se la pasa de agasajo en agasajo". Pero algo le decía que estaba ahí, en su habitación, leyendo tranquilamente los diarios colombianos, que un hombre con bigotes de mariachi mexicano acababa de entregarle.

A las 11 y media el veterano premio Nobel salió del ascensor y caminó hacia la puerta del hotel sin mirar a los lados y con el paso rápido del que no quiere ser descubierto. Iba abrigado con una chaqueta de cashimire negro que cubría un suéter deportivo sobre una camisa blanca con rayas negras, y unos diminutos lentes redondos de montura antigua ocultaban sus pequeños ojos de aceituna negra. Su forma de vestir era un perfecto contraste para su cabeza de rulos color ceniza y sus bigotes de leche. Al borde de la puerta se detuvo. Por fin, después de todo, ahí estaban los dos. Era el primer día de un otoño resplandeciente.

--Señor García Márquez. Mucho gusto. Lo estoy buscando para hacerle una entrevista--dijo el periodista novato a sabiendas de que sus palabras producían una leve crispación en el veterano premio Nobel.
-- Pero ¿para qué me quieres hacer una entrevista? En Latinoamérica hay una magnificación viciosa de la entrevista. Creen que todo el periodismo se reduce a la entrevista. No entienden que la entrevista tiene sentido sólo cuando el entrevistado tiene algo que decir. Y yo no tengo nada que decir. Es mejor que no pierdas tu tiempo conmigo--dijo buscando con la vista la enorme limusina plateada que lo transportaba a lo largo y ancho de la Gran Manzana.

--Usted sabe cuál es la misión de un entrevistador--se atrevió a responder controlando su estado de nervios.
--Yo nunca en mi vida he escrito una entrevista. Puedes buscar en todo lo que he escrito y si encuentras una entrevista mía tráemela y te la compro. Cuando trabajaba como reportero me iba a los lugares, observaba muy bien a la gente, tomaba algunas notas en una libreta y al llegar escribía todo, recreando la situación de memoria. Vamos a tener que invitarte a los talleres de la Escuela de Periodismo para que aprenda algunas cosas del oficio.

--Si pero los editores...
--Los editores-- dijo elevando su dos dedos índices hacia el cielo-- mándalos a la mierda.

--A la mierda. ¿Cómo?
--Sí, bien lejos a la mierda. No tienes que hacer lo que quieren los editores.

De pronto, García Márquez miró su muñeca y se dio cuenta de que había olvidado su reloj en la habitación.
--Mira, es muy tarde. Tengo una cita a las 11 y media y olvidé mi reloj por el apuro. ¿Tu conoces el significado de la palabra ocupado? Yo soy una persona muy ocupada y lo que menos me gusta es que me pongan en la situación de decir que no. No me gusta que me obliguen a decir NO--sentenció tomando al novato periodista por el brazo y caminando con él hacia la limusina.

--Pero usted sí tiene cosas que decir. La semana pasada se reunió con el Presidente Bill Clinton. El problema de la descertificación de Colombia...
--Mi reloj...Voy a llegar tarde. Vamos a hacer algo, espérame aquí en el hotel. Ya vuelvo para que hablemos 15 minutos. No sé porque no entienden que uno es una persona ocupada--terminó por decir mientras desaparecía tras los cristales oscuros de la limusina.

Antes de arrancar, el chofer, el mismo hombre con bigotes de mariachi mexicano que dos horas antes le había hecho llegar a la habitación 14-51 las noticias del día, salió del auto con un mensaje: "El maestro García Márquez le manda a decir que no se vaya".

El periodista novato volvió al mismo sofá donde había estado desde las 9 y media. El lobby del hotel parecía la trastienda de un mercado de puerto: los empleados y turistas pasaban, como los marineros, de un idioma a otro; del francés al inglés, del español al árabe y del alemán a un dialecto de la India, como si el mito de la torre de Babel y la confusión de las lenguas fuera puro cuento. Después de cuatro horas, el conserje del hotel, un argentino con destrezas políglotas, se atrevió a expresarle su solidaridad al periodista novato: "No se preocupe, tenga paciencia que los inmortales se hacen esperar".

Era la una y media cuando la limusina se detuvo nuevamente frente a las puertas del hotel. Del ascensor salió Mercedes Barcha, la sabia esposa de siempre, y quizá el más famoso de los personajes reales e imaginarios de la vida de García Márquez. Caminaba con el mismo afán de invisibilidad de su marido, pero con paso aún más rápido. En un segundo desapareció tragada por una de las puertas de la inmensa ballena de cuatro ruedas. Un momento después apareció García Márquez, con el reloj que había olvidado en el cuarto entre sus manos.

--Llevo dos horas angustiado pensando que estás aquí sentado esperándome --dijo mientras se ajustaba el reloj a la muñeca. Me tuve que quedar más tiempo en el sitio donde estaba y ahora voy saliendo a almorzar. Así que te propongo un trato. Ven a las cuatro en punto para hablar 15 minutos. Pero sólo 15 minutos porque tengo que salir volando al aeropuerto.

Los dos están en la calle una vez más. García Márquez, toma de nuevo del brazo al periodista novato y le dice:
-- Así no es la cosa. Así no se hace periodismo. La entrevista no es eso. La mejor entrevista que yo he leído en mi vida fue la que trató de hacerle Gay Talese a Frank Sinatra. ¿Quieres que te la cuente?--dijo señalando al cielo una vez más con su dedo índice.

--Por favor.
--Sinatra citó a Gay Talese en un hotel de Las Vegas. Cuando Talese llegó a Las Vegas, a Sinatra no se le ocurrió nada mejor que enfermarse. Durante una semana estuvo Gay Talese tratando de entrevistar a Sinatra y durante una semana Sinatra canceló el encuentro. La entrevista de Talese es la historia de cómo durante una semana no pudo entrevistar a Sinatra. Es la mejor entrevista que he leído y ¿sabes cómo se llama?: "La gripe de Sinatra".

--Pero usted no tiene gripe...

Ahora son las 3 y 55. El periodista novato está sentado en el mismo sofá del principio. Ha revisado mil veces la lista de preguntas. Piensa que las preguntas generales son las mejores para comenzar. Ha chequeado el funcionamiento del grabador. Esta vez se siente sin duda listo, aunque un poco agotado física y mentalmente por los accidentes de la espera. Antes de abordar el ascensor Mercedes le recuerda a su esposo: "Gabo no te tardes, recuerda que arriba te estamos esperando". García Márquez toma asiento, recostándose de lado en la silla, y mira su reloj una vez más.

--Bueno, ¿de qué vamos a hablar?-- preguntó llevándose la mano a los labios para acentuar la expresión reflexiva.

--Un segundo. Voy a encender el grabador.
--¡Ah no, nada de grabadoras! --exclamó. Esa lora mecánica es la culpable de muchos de los problemas y desviaciones del periodismo actual. Si quieres toma notas. Pero, por favor, guarda la grabadora.

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